“COVID-19, Un virus que nos cuestiona a todos.

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Por: Mariano Campagnoli Lic en Psicologia MP 72643

Una pausa  introspectiva, y redescubrimiento de los afectos.”

Hace varios años, uno de los editores de este medio me había solicitado escribir algunas palabras en relación a mi opinión en relación a la entrada de “lo virtual” en nuestras vidas y en concordancia con las implicaciones en “lo real”. Actualmente, tanto los Editores, como yo hemos nos hemos transformados y ajustado a estos nuevos tiempos. De “lo real” a “lo virtual”, por así decir.

Ellos han pasado de la edición impresa a la digital, y yo de una concepción teórica práctica aprehendida, a una práctica-teórica basada en el análisis existencial como un método y una técnica psicoterapéutica en la que se lleva a cabo un encuentro original mediante características dinámicas y modificadoras. Diferenciando al análisis existencial del análisis freudiano en tanto, que más allá del orden pulsional y su correlato afectivo, se admite como determinante en el hombre, la libertad. Es decir, una Terapia apelativa del espíritu, en la que exige al paciente la capacidad de descubrir el sentido a su propia existencia.

Según un psiquiatra español, que me seduce mucho y que sólo ha escrito muy pocas cosas en su corta vida [Martín-Santos, L. (1975). “Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial”], expresa que “El hombre se angustia ante lo que podrá llegar a ser por acción de la acción de la libertad, o ante lo que podrá llegar a dejar de ser. […] La fascinación por el “en sí”, la huida ante la libertad, es la razón de una serie de posibilidades de enajenación del hombre. Sobre esta esencial enajenación y huida de su verdadera naturaleza de “para sí” se construye la forma misma de la neurosis. […]… todo hombre existe en situación. La situación de cada hombre es el conjunto de sus facticidades corpóreas o mentales, sociales o económicas, gratuitas o insoslayables… [pensando a ese “o” como inclusivo, no como opuestos ni contradictorios; y me atreviéndome a agregar las situaciones políticas, comunitarias, como las vinculares]. Dentro del tejido de la libertad que es la vida humana, el único asidero sólido es precisamente el proyecto. Un hombre es lo que sea su proyecto. […] … el uso degradado de la libertad constituye la neurosis comprendida existencialmente”

Más allá de estas cuestiones teóricas, que evidencian mi posición como Profesional de la Salud Mental, la situación actual de pandemia del COVID-19 con la que estamos conviviendo nos interpela nuestra propia práctica y la formación teórica. Nos encontramos ante una situación muy particular para la cual muchos de los profesionales de la salud no están preparados. Producto esto ha sido desde la formación de las unidades académicas que han privilegiado, propagando y ornamentado al punto pornográfico, por así decir,  lo privado por sobre lo público. El psicoanálisis, como otras terapias psicológicas, en general, se ha presentado como una práctica privada, más excitante. Y estas prácticas expresan el conflicto antinómico  característico entre lo Público y lo Privado. Pero la explicación que nadie quiere dar, porque es de mal gusto hablar de dinero máxime cuando hay que hurgar en el propio bolsillo,  es que “lo público no paga, y  cuando paga, paga muy poco”. De esto sabemos mucho los que a pesar de todo seguimos trabajando en lo público, o que trabajamos desinteresadamente en espacios comunitarios. Y más los saben, aquellos que a pesar de todo nos están cuidando, trabajando en estos duros momentos, me refiero en particular al personal de salud, bomberos voluntarios, y personal de Seguridad de nuestra comunidad.

Y es por ello, que no es causal que La Psicología Social y Comunitaria dentro de los Espacios de formación académica, siempre ha sido casi por excelencia el espacio marginal, una Asignatura aislada y de “militancia para el zurdaje”. Pero, es por esos espacios donde uno encuentra el verdadero espacio de empatía por el otro, donde se debe dejar el saco y la corbata, dejar al Otro, para ponerse las botas y transitar por las miserias del otro, el cual es un ser humano idéntico a mí. Que tal vez no necesite la palabra, sino un sincero y fuerte abrazo, para hacer más llevadera su vida. La verdadera empatía pasa por ese otro. No es casual, tampoco, que los profesionales médicos a pesar de estar todos los días instruidos para lidiar con la vida y la muerte, no estén preparados en el “cómo” transmitir el desenlace menos esperado a los familiares de sus pacientes. Pues la Psicología ha sido para muchos de ellos, también ese espacio marginal. Y, la farmacología, ha sido su pornografía en algunas cuestiones. Pero lo que nos ha unido, es esa elección libre, de ejercer y trabajar en estos ámbitos comunitarios.

Esta libertad, de la que hablaba más arriba, no es una libertad vana, o insustancial. Esa libertad va acompañada de una responsabilidad. Libertad inseparable de la elección como posibilidad, como potencial, necesaria también, para emprender o iniciar una consulta psicoterapéutica. Haciéndome cargo puedo elegir; y, consintiendo también, puesto que se trata de una elección, aunque no tenga plena conciencia de ella. Por lo tanto la responsabilidad de elegir es inevitable, personal e intransferible, y sobre todo, teñida de angustias.

En estos tiempos de COVID-19, esa elección de posibilidad, pareciera que se viera amenazada ante la situación de aislamiento social preventivo, y la presente sensación del  sufrimiento ineludible, como de muerte inevitable (concebidas como situaciones límites existenciales). Y los medios de comunicación nos bombardean de datos, en relación a los peligros y las muertes inminentes. Es de público conocimiento que en algún momento todos nos vamos a morir, pero no necesariamente de COVID-19. A mí, en particular, me angustia más cómo vivir. Los Factores de Riesgo del COVID-19 son reales, y no hay que minimizarlos.

Desde el punto de vista psicológico se están observando varios síntomas característicos, no menos importantes y que no deben ser descuidados. Principalmente se registran:

* Trastornos de Ansiedad. Los síntomas más comunes son: Sensación de nerviosismo, agitación o tensión. Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe. Aumento del ritmo cardíaco. Hiperventilación, aumento en el ritmo respiratorio. Sudoración. Temblores. Sensación de debilidad o cansancio. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.

*  Estados Depresivos y Sentimientos de soledad: Tristeza. Sentimiento de vacío. Pérdida de interés en actividades que antes producían placer, incluyendo la actividad sexual. Fatiga o pérdida de energía. Pérdida de apetito o aumento del apetito.

 

Los Trastornos de Ansiedad, depresión y otros padecimientos mentales (incluido el consumo problemático de sustancias) se acentúan ante esta situación de sufrimiento ineludible, de peligro y de muerte inevitable, que nos presenta el COVID-19 en nuestros Esquemas de Pensamiento.  Las Angustias se agudizan, afloran sentimientos de soledad y estados depresivos.

Es por eso, que es de suma importancia el cómo y con quiénes transitamos este tiempo de Aislamiento Social (aunque a mí y a varias personas que les tengo gran afecto, nos gusta denominarlo “un tiempo de reorganización y redescubrimiento de los afectos”, por sobre Aislamiento). Ser conscientes de que no estamos solos, esta transición nos presenta al ser humano como un ser social, con el y para el otro.

Es importante, asimismo, el valor que están tomando las nuevas tecnologías informáticas, en este sentido, como herramientas de comunicación. El uso de los dispositivos ya no sólo, para divulgar esa “pantalla” exhibicionista y de voyerismo virtual, sino para acercarnos a los otros. La carencia del contacto “real” nos ha llevado, a utilizar “lo virtual” como medio de acercamiento a nuestros vínculos y  Si bien el uso de las redes sociales como así también de sus contenidos, conllevan ciertos peligros que no deben descuidarse, hoy en día se han transformado en el principal modo de comunicación y sostén afectivo, colaborando en el Fortalecimiento de los Sentidos.  Así también, estos nuevos encuentros virtuales como un modo de llevar a cabo nuestras prácticas psicológicas; y, están exhortando íntimamente nuestra manera de concebir los tratamientos y terapias psicológicas, como también cuestiones teóricas.

Esta situación, del mismo modo, nos exige e interpela como seres humanos, y redescubrir los vínculos que teníamos. Encontrar ese plus de valor en algunas cuestiones, afectos, encuentros; y excluir otros tantos innecesarios. Es un tiempo de contención y cuidados. De apreciar aquellas cosas sencillas que nos roban una sonrisa, y de valorizar esos espacios más humanos. Anteponer lo social por sobre lo individual, lo público por sobre lo privado.

Más allá de las cuestiones personales, recomiendo en este tiempo de redescubrimiento, no interrumpir ni discontinuar con los Tratamientos en relación a la Salud Mental. Todos los psicólogos estamos acompañando a nuestros pacientes y a la población en general en este momento que nos toca transitar. Construyamos rutinas y estrategias de organización para la vida cotidiana. Y sobre todo de tomarnos ese tiempo para “comprender” y redefinir nuestros Proyectos. Una persona es lo que sea su proyecto, y cuando se encuentra una “razón” el sentimiento de felicidad se presenta solo.