50 años sin Carlos Vega

Compartir

Por Juan Manuel Rizzi

 

Carlos Vega perteneció a una generación que tuvo detrás la conformación del Estado Nacional y sus símbolos, y al tiempo la ruptura con el conservadurismo y la inamovilidad de esos mismos discursos. Vivió la emergencia de las vanguardias artísticas y literarias en el mundo, que Argentina también absorbió. Hablar del trato que tuvo con Borges[1] –primero aciago y luego de colaboración- o de la amistad con Alfonsina Storni, define ya una postura ante lo “viejo” de un ambiente.

Respecto a su propia formación, Vega creció con un pie en el terreno firme de la tradición y con otro en las nuevas corrientes de investigación resultantes de la búsqueda de una “nueva ciencia”. Así ya vemos aparecer con claridad a sus dos primeros maestros: Ricardo Rojas, creador del Instituto de Literaria Argentina en la Universidad de Buenos Aires, quien le abre allí un área de investigación como técnico en folklore, y el conocimiento que traba con José Imbelloni en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Si el primero representaba una “restauración nacionalista” –nombre de uno de sus libros- y la busca del espíritu creador argentino dentro del paisaje americano, el segundo venía a ser una furiosa revisión de los conceptos dotándolos de la base científica de la arqueología y la etnología.

Podríamos decir, a fin de no menguar su imagen, que Carlos Vega era un hombre de la cultura en el más amplio sentido de la palabra, y que tal inquietud en su pueblo natal se plasmó en un afán progresista. Mientras se multiplicaban los romances de barrio en el imaginario del poeta que fue, participaba en las comisiones fundadoras del Club Estudiantes y de la Biblioteca Popular D. F. Sarmiento, instituciones relacionadas en su origen: el Club prestará un espacio –y los primeros libros- para el crecimiento de la biblioteca popular del pueblo desde 1927 hasta la década del ´60.

En Cañuelas el joven Vega escribirá poesías –plasmadas en dos libros: “Campo” (1926) y “Hombre” (1927)-, y un libro de “minicuentos” –“Agua” (1932), adelantándose a su tiempo por el género. Será actor vocacional y dramaturgo, actuando acaso en alguna obra de su autoría en la Escuela N° 1 o en la Sociedad Italiana como lo sugiere Héctor Goyena [2]. Pero era el mismo Carlos Vega que en su pueblo comenzó a ver de otra manera a los cantores de la tierra cuando estableció las primeras relaciones con la música erudita europea –un rasgo diferencial y novedoso del Vega investigador, futuro musicólogo. Y el mismo que traía números de música clásica de cámara a los eventos de la biblioteca local, y que reescenificando luego uno de esos conciertos en un poema se pondrá como otro “incomprendido”, igual a un visitante.

La ida a Buenos Aires para seguir cursando estudios se fecha a sus 18 años, no obstante las visitas y las referencias constantes a Cañuelas –fue director formal de la Biblioteca Sarmiento hasta 1945- se mantienen hasta por lo menos sus 30 años de edad. Entre otros datos locales curiosos, fundó un órgano periodístico dentro de la Biblioteca, donde se pueden leer variadas intervenciones sobre los problemas del pueblo[3]: los pedidos de asfalto, el promisorio anuncio de la construcción del Cine Teatro Italia, entre otras. Casi siempre en un registro irónico, a veces altanero, que mantendrá durante toda su obra y en ocasiones se le criticará.

Hablar de los avances que produjo en los estudios folklóricos del país y americanos, formaría parte de otra nota. Como dijo una de sus alumnas, “en Vega el trabajo de campo iba a la par de lo teórico”. En 1930 preparó su primer proyecto de recopilación de la música tradicional, y a partir del año siguiente hasta 1965 viajó por todo el interior y países limítrofes, cuya inédita base sirvió para la creación del primer Gabinete de Musicología Indígena, con el tiempo el Instituto Nacional de Musicología, que recoge un archivo sonoro y fotográfico y una colección de instrumentos autóctonos. Estos viajes de documentación dotados de una tecnología hoy considerada precaria, marcan un antes y un después en el estudio de las “fuentes vivas” de nuestra música, no solo porque Vega allanó el camino a varios discípulos –Leda Valladares, Isabel Aretz, Pola Suárez Urtubey, entre otros- sino porque fueron realizados previo a que el interior del país entrara en un irremediable proceso de seudourbanización y desculturización.

Rebatiendo a los folclorólogos que lo precedieron, que él denominaba “eclécticos”, sobre el origen de las danzas folklóricas argentinas –uno de sus trabajos más perdurables y aún insuperado- escribió: “1) Nuestras danzas no son las folklóricas españolas. Los bailes criollos son los antiguos bailes cortesanos europeos americanizados. Las corrientes de los salones y la del teatro son las principales vías de transporte y de penetración. 2) Nuestros bailes llegaron de España; pero también a través de España, y directamente de Francia. 3) (…) No llegaron los bailes en bloques y al comienzo, sino en todos los tiempos, como hasta hoy. He escrito antes que ‘América folklórica no es España folklórica sino España culta, Europa culta. América folklórica es una retardada selección de la Europa superior’”.[4] Los centros principales de apropiación y difusión en Sudamérica, fueron: primero (y por muchos años) Lima, luego Río de Janeiro, y después Buenos Aires.

Carlos Vega fue el primer investigador y el primer pensador “moderno” de nuestra música. En sus últimos años trabajaba en un concepto novedoso, de su autoría: la “Mesomúsica” o “música del medio”, que venía a ocupar el concepto usual de “música popular”. Vega consideraba que existía una mayor comprensión musicológica en el término, el mismo que atañe al 80% de la música que se escucha y ejecuta. Este trabajo presentado en 1965 en Bloomington-EE.UU, junto al inédito –y sin finalizar- “Estudio para los orígenes del tango argentino” (UCA, 2007), ambos luego editados y comentados por el musicólogo uruguayo Coriún Aharonián, participan a Vega en debates actuales y futuros. Una retrospectiva a los 50 años en que el cañuelense no estuvo confirma muchos de sus asertos. ¿No vive acaso su idea de apropiación de lo culto por el pueblo en autores como Atahualpa Yupanqui, Silvio Rodríguez o los mismos Beatles?

Carlos Vega murió en Buenos Aires el 10 de febrero de 1966, a los 67 años de edad. Poco antes le decía en su estudio de la calle Cangallo, a su amigo el musicólogo Lauro Ayestarán: “Ayestarán, me muero dentro de tres meses, sin embargo aquí dentro (y se tocó la frente) hay ideas y material para treinta libros”.

A partir de la década del 90’ en Cañuelas se comenzó a reconocer y a homenajear la figura de Carlos Vega. En la ciudad hay una plazoleta con su nombre entre las calles 9 de Julio y Rivadavia, y en la calle Rivadavia al 50 se descubrió una placa con sus versos, recordando una de las casas de su infancia. En los jardines a la calle de la Municipalidad se erigió un busto, obra de la artista Tita Bastiano. La Biblioteca D. F. Sarmiento conserva parte de su biblioteca personal, fotos originales de sus viajes y gran parte de su obra editada. Mientras que el Museo y Archivo Histórico ‘Lucio García Ledesma’ recuperó su escritorio, una máquina de escribir y otros de sus elementos personales.

Desde el año 2001 en nuestra localidad se desarrolla el Festival de Canto Surero ‘Carlos Vega’, que luego de varios años de silencio, volvió a organizarse el año pasado.

 

(*) Juan Manuel Rizzi es director de la Biblioteca Popular D. F. Sarmiento de Cañuelas

 




[1] Jorge Luis Borges da cuenta de la lectura del Carlos Vega musicólogo por primera vez en “Historia del tango”, ensayo que incorpora a la edición de 1955 de su “Evaristo Carriego”. Pero la cita más pintoresca la hace en una conferencia de 1963 en la Universidad de Antioquía de Colombia, titulada “La poesía y el arrabal”, donde relata un encuentro con el musicólogo a través de un pedido de éste para visitar a un guitarrero que Borges conocía. La anécdota que sigue después, imaginaria o no, la refiere el autor de El Aleph sobre lo que significaba en otras épocas decir que uno “era de Cañuelas”.

[2] Héctor Luis Goyena: “La etnomusicología al servicio del teatro y del cinematógrafo: Carlos Vega compositor”, en Estudios sobre la obra de Carlos Vega (El Gourmet Musical, 2015). http://bibliotecapopulardfsarmiento.blogspot.com.ar/search/label/Carlos%20Vega

[3] Nos referimos al periódico “Índice”, que tuvo dos tiempos de aparición: 1927 y 1938 http://bibliotecapopulardfsarmiento.blogspot.com.ar/2008/07/peridico-ndice-prtico-y-retorno.html

[4] “Acerca de las danzas folklóricas argentinas”, inédito a la muerte de Vega. Lo publica la Revista del Instituto de Investigación Musicológica “Carlos Vega” en su N° 1 de 1977.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *