Daniel Roncoli: “Este show es una celebración… donde la milanesa marida bien con el tango”.
El polifacético artista cañuelense se prepara para presentar “Estamos fritos (Tangos y Milangas)” este jueves 17 de septiembre a las 21:30 h en Juana de Arco. En esta entrevista reflexiona sobre el humor frente a la frustración, el universo del 2×4, la improvisación en escena y el cruce entre la música y la gastronomía.
Por Martín Aleandro
Hablar de Daniel Roncoli es sumergirse en un universo donde las disciplinas no compiten, sino que se nutren entre sí. Periodista de pluma incisiva, escritor, apasionado futbolero e incansable investigador de las memorias locales, Roncoli despliega además una faceta escénica como cantor de tangos, animador y cocinero de vivencias. Con esa versatilidad que lo caracteriza, vuelve a sorprender a la escena cultural de Cañuelas encabezando un espectáculo singular que une el repertorio tanguero, la complicidad con el público y el clásico «chegusán» argentino.
Acompañado por el pianista Juan Pablo Yorston y el guitarrista Leo Mennitto, nos comparte las claves de una noche que promete emoción, buena mesa y mucha espontaneidad.
—“Estamos fritos… Sentimientos rallados como pan” propone una combinación tan original como tentadora. ¿De qué se trata esta nueva aventura cultural?
—Con el guitarrista Leo Mennitto teníamos ganas, desde hace mucho tiempo, de concebir un espectáculo y, entre varias ideas, hace rato que lo martirizo con una ocurrencia: Tangos y Milangas. Surge propulsado por la idea de que el tango no solo contempla a la milonga como compañero de cartel, sino creyendo que marida muy bien con la milanesa. Además de convidarlas en el espectáculo, hay un sedimento de fritanga, ese devenir en que la frustración y algunos de los males que nos interpelan pueden destilar hacia la risa. Uno a veces come milanesas espléndidas y otras por poco un recorte de terciada apanada por viruta. En todos los casos, si la digestión lo procesa, se sigue adelante; eso es optimismo en la tiniebla. La cosa va por ahí.
—En tu recorrido profesional pasaste del periodismo deportivo al universo de la ficción literaria. ¿Cómo se dio esa transición entre la crónica de la cancha y la narración de historias?
—Allá lejos y hace tiempo, siempre me interesó del periodismo deportivo la narración y la crónica entendida como el contar más allá de los hechos. Nunca fui, no al menos por elección, un periodista de los datos duros. En esa búsqueda, la ficción quedaba a la vuelta de la esquina: era una vecina capaz de coquetearme.
—La música ciudadana parece atravesar tu vida de forma orgánica. ¿Cómo fue construyéndose tu relación con el tango a lo largo de los años?
—Es una relación longeva, como la que uno puede llevar con el calefón o el queso de rallar. Nunca me pregunté cuándo empezó, la tengo totalmente naturalizada. En mi casa se escuchaba radio casi las 24 horas y muchos de los ciclos que se sintonizaban, así como la programación general de esas emisoras, estaban tamizados por el tango. La sonoridad me es una voz de la familia. Luego, ya en el proceso de contar historias, los grandes poetas del tango se me pegaron como abrojo.
Volviendo a Estamos fritos, a las palabras mayores del espectáculo se las dejamos a ellos a través de sus composiciones: tenemos en el repertorio a Manzi, Homero Expósito, Cadícamo y Cátulo Castillo, por ejemplo. Coincidimos con Leo Mennitto, Juan Pablo Yorston y Paulina Salazar —en arreglos vocales— que, de algún modo, este tipo de espectáculos son de empanado a la vista. Cocinamos la milanesa a la vista del público. Partimos desde una columna vertebral, pero estando muy presentes para ver cómo tocamos, cómo cantamos y qué surge decir en cada momento. Es la celebración de encontrarse y compartir un espacio que, aspiramos, sea de emoción también para el público como actor de este show.
—El vivo siempre guarda una mística especial y tus shows suelen tener momentos inesperados. ¿Tendremos alguna sorpresa como nos tenés acostumbrados?
—Estamos abiertos a las sorpresas. El vivo es muy propenso, más allá de uno, a la imprevisión. En ese sentido es probable que en algún momento se rompa la parábola evaluada para darle curso a algo espontáneo. Fuera de lo troncal no avizoramos grandes sorpresas, aunque pueden pasar cosas. Cuando uno actúa cerca de casa puede aparecer desde un cobrador hasta un mensajero de Mercado Libre que no encontró a nadie en nuestros domicilios y a quien los vecinos mandan a entregar la caja a Juana de Arco. Veremos…

