El Cencerro celebra 47 años de vigencia tradicionalista en Cañuelas
A casi medio siglo de su fundación, el Centro Tradicionalista «El Cencerro» reafirma el valor de las peñas como espacios de cohesión comunitaria, donde el folclore, la cumbia y la danza se amalgaman en un ritual de identidad colectiva en el corazón del Barrio Peluffo.
Por Martín Aleandro
El próximo 9 de mayo, a las 21 horas, el Centro Tradicionalista «El Cencerro» conmemorará sus 47 años de trayectoria, una cifra que testimonia la resiliencia de una institución fundada el 10 de mayo de 1979. Ubicada en la calle Laprida del Barrio Peluffo, sobre la Ruta 3 (Km 55), esta entidad se erige como un reservorio de costumbres donde la comunidad se encuentra para reconocerse en sus raíces, validando la importancia de estos espacios como garantes de la memoria histórica y la fraternidad vecinal. La existencia de los centros tradicionalistas en el tejido social bonaerense no constituye un mero ejercicio de nostalgia, sino una resistencia cultural activa que preserva el acervo cultural de nuestra tierra.
Desde una perspectiva filológica y cultural, la peña funciona como una reunión moderna donde el lenguaje del cuerpo y el canto borran las jerarquías sociales. La celebración contará con una grilla artística que refleja la heterogeneidad de nuestro patrimonio: conjuntos de folclore como Meli Zampone, Quimereando, J’AlEri y Santiago Quiroz, hasta la alegría popular de la cumbia de la mano de Charly, el tigre de Cañuelas. Esta mixtura de géneros, bajo la conducción de Pablo Domínguez, permite que los ballets desplieguen el colorido de su danza en una coreografía social que une a diversas generaciones bajo un mismo pulso rítmico, transformando el baile en una expresión de libertad y pertenencia.
Finalmente, el evento subraya la relevancia de la autogestión y el encuentro presencial en tiempos de virtualidad absoluta. Con un servicio de cantina dispuesto para toda la jornada y una organización que facilita el acceso a través de entradas anticipadas, «El Cencerro» invita a un acto de comunión colectiva. Defender estos espacios es, en definitiva, defender la soberanía estética de un pueblo que canta a su historia mientras baila hacia su futuro. La cita en la sede de la calle Laprida no es solo un aniversario institucional; es la reafirmación de que, mientras haya una guitarra y un bombo sonando en el barrio, nuestra tradición permanecerá joven, vital y profundamente unida.


