El Mercado Agroganadero de Cañuelas cumple su segundo mes de actividad.

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En el flamante mercado, lo moderno y lo tradicional se conjugan en las 110 hectáreas que ocupan la nueva sede ubicada a 60 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y que requirió una inversión de US$ 25 millones. https://www.telam.com.ar/

Tras 122 años de presencia en Liniers, el Mercado Agroganadero cumplió su segundo mes en Cañuelas y tanto los directivos como sus trabajadores se mostraron optimistas sobre su presente y futuro.

En el flamante mercado, lo moderno y lo tradicional se conjugan en las 110 hectáreas que ocupan la nueva sede ubicada a 60 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y que requirió una inversión de US$ 25 millones.

El camino no fue fácil. Liniers tuvo numerosos proyectos de mudanza desde los años 70, con proyectos que contemplaban la posibilidad de mudar el mercado a Mercedes, Chascomús, San Vicente o Lujan, entre otras localidades.

Pero finalmente llegó lo que, Juan Santillán, miembro del directorio del Mercado Agroganadero (MAG) calificó como el «ultimátum»: la aplicación de la ley 622 de la Legislatura porteña -aprobada en 2001 y prorrogada 16 veces- que prohíbe el ingreso de ganado en pie a la Ciudad.

«Los 45 consignatarios habíamos comprado un campo en San Vicente pero cambiaron la zonificación y ya no se podía hacer un mercado. Entonces, desesperadamente salimos a buscar un lugar, pactamos con los desarrolladores y nos proponen un campo en Cañuelas», señaló Santillán a Télam acerca del predio cuya construcción comenzó en 2019 y que, pandemia de por medio y tras numerosas pruebas piloto al comenzar este año, abrió el último 18 de mayo.

De forma similar a una línea de montaje industrial, el ganado circula por una calle central a cielo abierto, y de allí es llevado a los corrales de recepción.

Tras atravesar el control sanitario y ser clasificados y pesados, los animales son conducidos a una de las dos grandes alas paralelas del mercado que compone 41.000 metros cuadrados entre ambos y cuyos techos, preparados para la instalación de paneles solares, permiten la reutilización del agua de lluvia para el lavado de los camiones y los corrales a través de un sistema de cañerías y un aljibe subterráneo.

Finalmente, una vez realizados los típicos remates que se desarrollan en los 750 corrales de venta, el ganado, ya vendido, vuelve a ser cargado en camiones jaulas de frigoríficos, matarifes y supermercados como cierre del ciclo de venta primario.

«Está funcionando bien con los inconvenientes de adaptación que produce una mudanza de un lugar donde se estuvo trabajando más de 100 años, pero los vamos superando día a día», explicó Santillán, quien es también presidente de la Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado.

Si hay un punto en donde coinciden los operadores del MAG es la facilidad que le otorga el predio a la logística al ubicarse en un punto neurálgico, en el kilometro 86 de la ruta provincial 6 y a metros de la autopista Ezeiza-Cañuelas, además de la propia agilidad que otorgan las menores distancias que el ganado debe recorrer dentro del predio.

«Es mucho más simple. Los vendedores y los frigoríficos antes tenían que entrar a la Ciudad de Buenos Aires, hacer 50 kilómetros más, y perdían entre ida y vuelta cuarto horas«, remarcó Santillán a Télam.

Con un promedio de 10.000 cabezas comercializadas por día -lejos de las 25.000 que supo operar Liniers en sus mejores tiempos-, el director del mercado destacó que el mismo se encuentra «a full» y que en los próximos dos meses, tras la construcción de un sector de ventas remanente, la «capacidad óptima del MAG pasará a ser de 12.000 animales».

«La idea es que en un futuro, cuando estabilicemos un poco las finanzas de las inversiones que hemos hecho, podamos ampliarlo en 4.000 cabezas más ya que hay espacio para otro modulo de ventas», comentó y se mostró confiado de que «va a haber oferta para cubrir todos los corrales».

Entre otras ideas en bosquejo se encuentra la posibilidad de que al ganado se le sume un mercado de ovinos; la construcción de una planta de compost, además de logar la certificación sanitaria para que los frigoríficos puedan comprar hacienda en el Mercado y luego exportarlas a países comprendidos dentro de la Cuota Hilton, entre otras iniciativas.

Para ello, los directivos destacan que uno de los puntos contemplados en la construcción del mercado fue mejorar el bienestar animal, a través de la construcción de embarcaderos curvos y corrales de metal, en lugar de la madera que era utilizada en Liniers.

Pese a los modernos techos, los 2.750 metros de pasarelas que sobrevuelan los corrales y las oficinas vidriadas y a la vista de los consignatarios, en el mercado agroganadero se observa un ambiente de familiaridad entre los trabajadores, quienes en su mayoría ya trabajaban en Liniers y encontraron continuidad en Cañuelas.

«Acá lo importante es poder seguir teniendo la fuente de laburo. Fue un cambio totalmente positivo», dijo a Télam Ángel, uno de los tantos operarios que montados a caballo se encargan de ordenar el tránsito del ganado.

«Mis hijos nacieron en el mercado y desde chiquitos empezaron a venir. Acá hay quintas generaciones y por suerte se sigue diciendo ‘buen día’, ‘buenas tardes’ y ‘permiso'», señaló Ángel.

Tras lo cual, bromeó: «De Liniers se extraña que era una cosa más tradicional, acá es más ‘yanqu’, más moderno, que me parece bien porque todo va hacia adelante».

Santillán, por su parte, si bien reconoció que a algunos operarios «le costó un poco el cambio», subrayó que todo se trata de una «cuestión de adaptarse».

«Si bien habían muchos que en un principio eran reacios y negativos, van entendiendo la modernidad de este mercado y cómo facilita su trabajo», describió.

Héctor Pérez, dueño de la consignataria Tito Pérez e Hijos S.A, es comprador de hacienda desde hace 40 años y, en la misma sintonía que Santillán, dijo que, aunque existen aún «cosas corregibles» como, por ejemplo, en las dimensiones de los corrales; «Cañuelas permite una mayor operatividad».

«Está todo más cerquita y junto. La mayoría son cosas buenas. No podía estar semejante mercado dentro de Capital porque no era lógico», señaló Pérez.

Si bien el principal objetivo era asegurar la continuidad de las operaciones, el mercado pronto contará con un Polo Agrocomercial en un sector del terreno vendido a un grupo de desarrolladores, que albergará empresas comerciales y logísticas afines a la actividad, un hotel y un sector de exposiciones de la Asociación Argentina de AnGus.

El mismo cubrirá 80 de las 110 hectáreas y tendrá 111 lotes de 2.000 a 6.000 metros cuadrados.

«El Mercado Agroganadero contará con bancos, locales, negocios, un barrio de viviendas donde se priorizará a los trabajadores y, sumado al hotel y a la estación de servicio que está bastante avanzada, le va a dar más vida al predio», concluyó Santillán al dar cuenta la magnitud del emprendimiento.