El rescate de la memoria local como acto pedagógico: entrevista a Mariela Salé.

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Profesora comprometida con la investigación territorial y guardiana del patrimonio cultural de Cañuelas, Mariela Salé dialoga en el Streaming “Permanencias” del canal distrital Dulce de Leche, sobre la urgencia de desenterrar las voces acalladas por el tiempo, el valor de la oralidad en la construcción de la identidad y la convicción de que la praxis educativa es, fundamentalmente, un acto de amor incondicional.

Por Martín Aleandro

A través de una rigurosa labor de investigación territorial, la profesora e investigadora Mariela Salé propone desmitificar la sacralización del arte y la arquitectura para convertirlos en una herramienta pedagógica de construcción social e identidad comunitaria.

La historia de un pueblo no reside únicamente en la frialdad documental de las actas oficiales o en el bronce estático de los monumentos; palpita, de manera subterránea, en la memoria colectiva de sus habitantes y en los pliegues de su geografía cotidiana. Comprender esta premisa y transformarla en una constante praxis vital define la trayectoria de la profesora Mariela Salé. Con una vocación docente inquebrantable y el rigor metodológico propio de quien concibe la investigación como un puente entre el pasado y el futuro, Salé ha dedicado años a caminar las calles de Cañuelas, a interrogar sus esquinas históricas y a rescatar del polvo del olvido aquellos relatos que configuran nuestra matriz identitaria.

Su labor no se limita a la mera acumulación de datos analíticos, sino que propone una verdadera hermenéutica del territorio, devolviendo a la comunidad una herencia viva que funciona como raíz y refugio ante la vorágine de la inmediatez contemporánea.

En el marco de una entrevista (realizada por Juan Manuel Rizzi y Melany Flores) que invita a la reflexión y al balance, nos encontramos con una intelectual indispensable para la región, cuya influencia excede los límites físicos de las instituciones para instalarse en el afecto de generaciones de estudiantes. Para Salé, la pedagogía no constituye un mero ejercicio de transmisión enciclopédica, sino un acontecimiento ético y estético que se funda en el abrazo y en la hospitalidad hacia el otro. En este sentido, la docente desarma las visiones tradicionales de su campo de estudio:

“El Patrimonio está un poco atado a que la arquitectura es parte de las artes plásticas, y siempre pensamos en el arte como algo muy descomunal, o muy consagrado, o sacralizado dentro de espacios casi herméticos como son los museos. El arte desde donde yo lo abordo y trato de llevarlo a las aulas es una construcción social, y como tal tiene la particularidad de que cada tanto surgen mensajes que comunican la totalidad de una época, y otros que son como pequeñas perlas que son esos signos que van quedando: los nichos en las fachadas, las argollas en los cordones de la vereda. No mirarlos es no mirarnos a nosotros mismos. Me incliné a dedicarme por curiosa, por cañuelense, porque empecé a ver cómo todo eso se iba perdiendo”.

Esta búsqueda identitaria hunde sus raíces en la propia historia familiar y en la oralidad compartida del pago chico, un entramado de vivencias colectivas que define la idiosincrasia de la comunidad. “Es un conjunto de factores, porque los que somos de Cañuelas, cuando nuestros padres y nuestros abuelos se juntaban y compartían anécdotas propias o de otros, uno sabía de quién estaban hablando”, recuerda Salé, y subraya el valor de “poder reconocer los escenarios de esas anécdotas y sentirlas como propias”.

Ese quiebre biográfico la llevó hacia el análisis del paisaje urbano y arquitectónico, un sendero académico exigente que suele estar rodeado de concepciones equívocas: “Hay un imaginario de lo que es el arte, el patrimonio y la conservación que está construido a partir de dimensiones idílicas, pero cuando uno corre el velo de lo que se permite ver desde afuera, la carrera de Patrimonio y Arquitectura es súper compleja”.

A modo de cierre d este humilde recorte de la entrevista, Salé reafirma su postulado fundamental: que la enseñanza rigurosa de la ciencia y la sensibilidad humana son las dos caras de una misma moneda capaz de dignificar, de manera permanente, la palabra maestra. Para la investigadora, la transferencia del conocimiento en el aula es siempre bidireccional y se transforma en un espacio de constante renovación humana y profesional.

“Los docentes, cuando ocupamos el aula, es para algo más que transmitir conocimiento; es para construir y construirnos como sujetos, porque nosotros vamos a aprender a las aulas nuevos puntos de vista que no imaginábamos, formas de pensar… terminamos de entender lo cambiado que está el mundo a través de su mirada, la mirada de los estudiantes”, concluye, dejando en claro que la conservación del ayer solo cobra verdadero sentido cuando se transforma en el cimiento del porvenir de las nuevas generaciones.

Ver entrevista completa en el programa “Permanencias” de Dulce de Leche streaming en YouTube.