En épocas del COVID-19

Compartir

Por Raúl E. Valobra

El COVID-19, el gran actor de estos tiempos, surgido para pulverizar todo lo dado y lo previsto, estadísticas y números de la economía global en un sistema inequitativo y despiadado al que poco le interesa la desgracia o la suerte personal de cada habitante del mundo, solo partes de la sociedad de consumo.

Se paralizó el planeta, que estaba pensando, desde sus más grandes potencias, en las guerras intergalácticas y los escudos ante posibles invasiones alienígenas más que en la aparición de un pequeño y maldito asesino en masa, que hizo colapsar al viejo continente y tiene en jaque al gran imperio del norte.

Los números de la pandemia son estremecedores, observando el saldo de víctimas fatales que nadie se atreve a decir a cuánto podrá ascender finalmente, ni cuáles serán los daños colaterales cuantificados con el vector económico que impera en los mercados de valores donde hasta la propia existencia cotiza a diario.

Cada país enfrenta la pandemia de acuerdo a sus posibilidades y al perfil propio del gobierno de turno, Argentina ha tenido un claro perfil humanista, privilegiando el inestimable valor de una vida, por encima de un engranaje que otros temieron parar y hoy pagan las consecuencias de esa decisión mezquina.

También este proceso de cuarentena expresa las notables asimetrías sociales el encierro en muchos casos significa la resignación al hambre y el hacinamiento, notables diferencias que se licuan en el marco de las medidas que el gobierno toma para la población contemplando luego las particularidades de cada sector.

Las necesidades y urgencias que surgen de esta economía pandémica se atienden día a día, intentando reparar los efectos devastadores en aquellos que deben salir a la calle para ganar el sagrado pan de cada día y que hoy, sujetos a las normativas legales, siguen sin poder realizar la tarea que desarrollan en la cotidianidad.

Las obligaciones contractuales de la población han tenido un desplazamiento de sus fechas de vencimiento y un cierto período de gracia impago que se suma a la imposibilidad de que cada compañía de servicio pueda efectuar un corte de lo que suministra al usuario más allá de la falta de pago.

El COVID-19 en épocas de la realidad virtual de las redes sociales, es algo novedoso e inédito que también expresa lo mejor y lo peor de cada ser humano, solo que ahora como un gran escenario lo exhibe con absoluta obscenidad en la cruda desnudez de los pensamientos que elaboramos al respecto.

La pandemia no nos hace buenos ni malos, solamente actúa como un catalizador que atrapa nuestra atención y permite que afloren sentimientos y valores extremos, los que portamos y nos conforman como ser, pero de ninguna manera influye para que estos cambien, solo los pone en evidencia ante el resto.

Cañuelas trabaja en absoluta concordia para preservar la salud de su población con la participación de todos los sectores políticos, más los afectados a los servicios, seguridad y sanidad, que se han sumado para batallar contra este flagelo junto con un voluntariado que cumple tareas de apoyo logístico y asistencial.

Hay planificación estratégica, decisión política y se destinan recursos para que al finalizar este período de encierro, de a poco podamos recuperar la interacción social necesaria que nos arranque de la inercia colectiva y nos permita volver a la rutina con que construimos con el otro nuestra identidad ciudadana.