En la plaza Belgrano se reunirán coleccionistas de figuritas con el propósito de intercambiar repetidas.

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La cita de este legítimo acontecimiento popular tendrá lugar el próximo sábado 30 a partir de las 17:00 horas en la Plaza Belgrano de Cañuelas, locación que funcionará como el escenario para congregar a niños, jóvenes y adultos con sus respectivos álbumes y figuritas repetidas.

Por Martín Aleandro

A propósito de la convocatoria comunitaria de intercambio de figuritas que se celebrará este sábado en la Plaza Belgrano de Cañuelas, reflexionamos sobre la vigencia de una poética del encuentro lúdico que sobrevive al imperio de las pantallas y recupera la memoria sentimental de las infancias de los años ochenta.

Toda infancia atesora una mitología propia cifrada en pequeños objetos impresos. Quienes transitamos las aulas escolares durante la década de 1980 recordamos el recreo no como un mero intervalo cronológico, sino como un ágora vibrante donde se negociaba la épica del fútbol local a través de aquellas entrañables redonditas de chapa y las caricaturas icónicas de figuras de la talla de Diego Maradona, Hugo Orlando Gatti o Enzo Francescoli. Aquellas iconografías, hoy resguardadas por la nostalgia, constituían auténticos textos visuales que los niños de entonces aprendíamos a descifrar, intercambiar y jerarquizar mediante pactos de palabra y rituales que consolidaban las primeras nociones de comunidad, compañerismo y pertenencia urbana.

Aquel antiguo fervor por el juego de dar vuelta la “fichu” con un golpe de mano, o arrimar las “redondas” a una pared de la escuela en el recreo, lejos de extinguirse bajo el imperativo tecnológico contemporáneo, experimenta una notable reactualización comunitaria en los espacios públicos de la Provincia de Buenos Aires. En esta ocasión, la experiencia se traslada al territorio local merced a la sensible iniciativa de Lolo Arce, un niño cañuelense de apenas ocho años que, impulsado por su genuina pasión futbolística y el acompañamiento estratégico de su familia, ha decidido emular las asambleas de intercambio observadas en otros distritos de la Provincia de BsAs y del país. La propuesta se consolida, así como un oportuno puente intergeneracional, configurando un refugio analógico donde la ilusión compartida del coleccionismo suspende, aunque sea por una tarde, la vertiginosa inmediatez de la cultura digital.

Promovido en la región y coordinado con el espíritu de las antiguos juegos de escuela, el encuentro invita a las familias a sumergirse en una dinámica que excede el simple propósito de completar el casillero vacío; se trata, en última instancia, de celebrar el encuentro con el otro, de habitar el espacio público desde la palabra compartida y de ratificar que ciertas tradiciones bonaerenses poseen la virtud inmarcesible de emocionar y cohesionar a las sociedades a lo largo del tiempo.