Estudiantes y vecinos de la Escuela Técnica N° 1 al rescate del edificio.

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Estudiantes, exalumnos, familias y vecinos de Cañuelas se unieron en una jornada comunitaria para refaccionar la institución y evitar que el deterioro termine golpeando la educación de los jóvenes.

Por Martín Aleandro

El pasado sábado 5 de septiembre, las puertas de la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 1 “Manuel Dorrego” de Cañuelas se abrieron de 8 a 14 horas para recibir a decenas de voluntarias y voluntarios con pinceles, lijas y soldadoras en mano. En un contexto crítico marcado por la falta de recursos y el desfinanciamiento sistemático que sufren las escuelas técnicas por parte del gobierno nacional del actual presidente, la propia comunidad educativa tuvo que organizarse para poner el cuerpo y costear materiales esenciales a fin de encarar trabajos de pintura en el patio interno, tareas de soldadura y mantenimiento en rejas, portones y mobiliario escolar. La directora de la institución, Romina Penacini, remarcó en los medios locales la importancia de cuidar el edificio que día a día alberga a más de 1.100 estudiantes, apelando a la autogestión y a donaciones de la zona frente a la difícil situación socioeconómica.

Esta movilización colectiva puso de manifiesto que, cuando las políticas retroceden y dejan a la infraestructura pública a la deriva, es la solidaridad vecinal la que sostiene de pie a las instituciones. La convocatoria no solo logró embellecer el recinto e instalar bancos realizados con material reciclado para el dictado de clases al aire libre y la recreación, sino que también renovó un llamado abierto a toda la sociedad de Cañuelas. Frente a un patrimonio edilicio que sufre un desgaste continuo por el uso cotidiano, la jornada demostró que la suma de esfuerzos —con vecinos aportando mano de obra o donando insumos como brochas, pintura o electrodos— resulta indispensable para evitar que el tiempo y la desidia estatal terminen por deteriorar la escuela pública.