Gerardo Luján Massini: de Cañuelas a conquistar las redes, la televisión y el teatro de la mano del tarot.

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Radicado en Cañuelas desde hace más de dos décadas, el reconocido tarotista cuenta cómo logró transformar su vida después de atravesar una grave enfermedad, las adicciones y dificultades económicas. Su historia lo llevó desde vender leña y carbón hasta trabajar en Las Vegas y convertirse en una figura popular en las redes y la televisión. El próximo 15 de noviembre presentará Vivencia Tarot en el Teatro Regina de Buenos Aires, junto a Matías Alé.

Hay historias que parecen escritas para el cine, con momentos de dolor, pérdidas, decisiones inesperadas y oportunidades que cambian el rumbo de una vida. La de Gerardo Luján Massini tiene algo de todo eso. Hoy es conocido como Luján, el tarotista que reúne miles de seguidores en las redes sociales, participa en programas de televisión y recibe consultas desde distintos países. Pero detrás de ese personaje público existe una historia personal que comenzó mucho antes de la popularidad.

Durante una extensa charla, Luján abrió las puertas de su mundo y recorrió los momentos que marcaron su vida, desde una infancia vinculada con las enseñanzas espirituales de su madre y su abuelo hasta la enfermedad, las adicciones, la llegada a Cañuelas y su transformación en una figura reconocida dentro del espectáculo.

“Gerardo Luján Massini tiene dos etapas en la vida. Gerardo arrancó con un propósito a los 12 años y llegó a los 40 y se convirtió en Luján. Gerardo se inmoló para que yo me convierta en Luján”, expresa con una mezcla de emoción y convicción.

Una vida atravesada por las dificultades

Antes de convertirse en el personaje que hoy conoce el público, Gerardo atravesó situaciones que lo marcaron profundamente. A los 18 años perdió a su madre, quien falleció después de enfrentar un cáncer de mama. Años más tarde, cuando tenía 30, recibió su propio diagnóstico de cáncer, que recuerda como terminal.

“Existen los milagros, porque acá estoy”, afirma al recordar aquella etapa.

Pero el diagnóstico también despertó un miedo que lo acompañaría durante años. La experiencia de su madre, que había sufrido una recaída después de varios años de tratamiento, estaba muy presente.

“Imaginate cómo estaba yo los primeros cinco años después de que me operaron. Tenía muy presente lo que había pasado con mamá. ¿Y dónde me refugiaba? En la adicción. Cocaína. De los 30 a los 40 me drogué todos los días”.

En paralelo, su situación económica se deterioró. Había trabajado en el Mercado Central y en otros mercados concentradores, contaba con camiones y había construido una estructura comercial que terminó perdiendo en tiempos de la crisis económica de comienzos de los años 2000.

Sin embargo, con el paso del tiempo comprendió que el problema era más profundo que las circunstancias económicas.

“El problema mío no fue la crisis de De la Rúa. El problema mío era la crisis que yo tenía interna, que no sabía ni dónde estaba parado y no paraba de hacer cosas que me llevaban al abismo”.

El punto de inflexión llegó cuando su esposa Gabriela le planteó la necesidad de cambiar de vida. Con cuatro hijos en común y una familia por delante, Gerardo entendió que necesitaba comenzar de nuevo.

“Un día mi mujer me dijo: ‘O salís, hacés algo, o yo me voy para la casa de mis viejos con los nenes’. Y me preguntó qué necesitaba para salir. Le dije: ‘Irme de acá’”.

El destino elegido fue Cañuelas, una ciudad que siempre le había gustado y donde esperaba encontrar la tranquilidad necesaria para reconstruir su vida.

Cañuelas, el lugar donde comenzó una nueva historia

Luján recuerda que siempre había sentido una atracción especial por Cañuelas. Cuando llegó, encontró una ciudad mucho más pequeña, tranquila y con una comunidad en la que, según su percepción, había que ganarse un lugar.

“Venir a Cañuelas no era tan sencillo. Había cuatro o cinco apellidos importantes, que te trataban bien, pero vos tenías que ganarte tu lugar. Y yo la remé, la remé. Vendía leña, vendía carbón, tallaba madera y empecé a hacer tarot”.

La decisión de dedicarse a la lectura de cartas no fue casual. Desde pequeño había convivido con ese universo a través de su madre y, especialmente, de su abuelo Pepe, a quien recuerda como una figura decisiva en su formación.

“Todos los días de mi vida me acuerdo de él. Me acuerdo más de él que de mamá, no por nada, sino porque me dejó tanta enseñanza. A mí me voló la cabeza”.

Su abuelo vivía en la zona rural de Elvira y La Rinconada, cerca del río Salado, en tiempos en los que llegar hasta el pueblo podía convertirse en una verdadera odisea.

En aquellos primeros años en Cañuelas, el tarot era una actividad que realizaba casi de manera espontánea, mientras vendía carbón y conversaba con sus clientes. Poco a poco, las recomendaciones comenzaron a multiplicarse.

“Yo estaba vendiendo carbón y la gente venía. Nos poníamos a hablar, les decía que hacía tarot y por ahí les tiraba las cartas. Y se empezó a hacer una bola de nieve cada vez más grande, hasta que dejé de vender carbón, dejé de tallar madera y me dediqué de lleno al tarot”.

La decisión representó también un acto de confianza en sí mismo.

“Dije: voy a hacer lo que siempre quise, que aprendí con mamá y nunca hice. Más mal de lo que estoy no voy a estar, así que voy a hacer lo que me gusta”.

Aquella apuesta terminaría transformando su vida.

De Cañuelas a los medios nacionales

Uno de los primeros impulsos llegó de la mano del periodista Paulo Vilouta, quien conoció su trabajo por recomendación de un amigo y viajó hasta Cañuelas para visitarlo.

“Paulo vino en el Cañuelas Bus. Lo trajo una remisería que estaba enfrente de la terminal. Él me empezó a nombrar en la radio y a partir de ahí se empezó a esparcir todo”.

Con el crecimiento de Facebook, Instagram y TikTok, Luján encontró una nueva manera de comunicarse con el público. Sus reflexiones, muchas veces expresadas con un lenguaje directo, campechano y cargado de humor, comenzaron a circular masivamente.

“Yo tengo muy presentes esas frases que se decían antes, las del abuelo, las de mamá, esas cosas del campo. Las fui diciendo y a la gente le pegaron. Hay frases mías que entre Facebook, Instagram y TikTok tienen 20 millones de reproducciones”.

Una de sus expresiones más populares resume ese estilo particular:

“Hay personas que son como las palomas: cuando están en el suelo comen de la mano, cuando vuelan te cagan la cabeza”.

La combinación de humor, experiencias personales y consejos cotidianos terminó convirtiéndolo en una figura reconocible en las plataformas digitales.

Sin embargo, el gran salto de popularidad llegó de una manera inesperada.

La noche en que Gran Hermano cambió su popularidad

Luján recuerda especialmente una consulta que recibió de Alexis “El Cone” Quiroga, quien tiempo después participaría en Gran Hermano.

El joven cordobés había realizado un casting para ingresar al reality y quería conocer sus posibilidades. Según relata el tarotista, después de consultar las cartas le aseguró que lo veía dentro de la casa.

“Le dije: ‘Yo te veo dentro de la casa’. Y él me decía: ‘Pero me faltan cuatro o cinco castings más, ¿estás seguro?’. Le dije que sí. Entonces me respondió: ‘Si yo entro, no me voy a olvidar de vos y te voy a nombrar’”.

Y cumplió.

Durante una emisión del programa conducido por Santiago del Moro, Quiroga mencionó públicamente al vidente que le había anticipado su ingreso.

El episodio coincidió con la víspera del cumpleaños de Luján, el 8 de diciembre.

“Era el 7 de diciembre, faltaban quince minutos para las doce de la noche y estábamos reunidos para festejar mi cumpleaños. Se acerca Camila y me dice: ‘Fijate lo que está pasando’. Yo tenía 2.000 seguidores y empecé a pasar a 5.000, 8.000, hasta llegar esa noche a 20.000. No había visto nunca semejante movimiento”.

Al día siguiente recibió cientos de mensajes y consultas.

“Terminé el día de mi cumpleaños exhausto. Me habían llegado más de 500 mensajes. Preguntaban, consultaban, querían saber de todo”.

Desde entonces, su nombre comenzó a circular con mayor fuerza en el ambiente artístico y televisivo.

El Tirri, Marcelo Tinelli y una puerta al espectáculo

La repercusión en las redes sociales lo acercó a Luciano “El Tirri”, con quien construyó una amistad que considera fundamental para su carrera.

“Él me ayudó mucho. Es muy generoso”, destaca.

Fue precisamente el Tirri quien lo llevó al programa Bailando, donde apareció como una suerte de guía espiritual del participante y tuvo un intercambio con Marcelo Tinelli.

Luján recuerda que al principio no se sintió cómodo con el tono humorístico de la conversación, pero logró revertir la situación.

“Tinelli me agarró para la broma, como hace siempre. Al principio no la pasé bien, después la revertí. La remamos y estuve 11 minutos al aire con él. Me dijeron que si Tinelli te tiene 11 minutos mano a mano en horario central es porque estás rindiendo”.

Aquella aparición abrió nuevas puertas y multiplicó las invitaciones a programas de televisión.

“Al otro día me llamaron de la revista Caras y de Semanario. Salí en una tapa con Susana Giménez. Eran cosas impensadas, cosas que yo no había buscado”.

En la actualidad, según cuenta, mantiene participaciones en espacios televisivos y digitales y conserva vínculos con distintas figuras del ambiente artístico, entre ellas Gabriel Corrado y Marcela Kauffman.

No obstante, considera que una de las razones fundamentales de su permanencia en el medio es la confianza.

“Hay gente que desnuda su mundo interior, sus preocupaciones, y yo eso lo atesoro, lo guardo y no me lo saca nadie. Eso es fundamental. En el ambiente de los famosos se ha corrido que yo soy una tumba y por eso confían”.

Y agrega una regla que sostiene especialmente cuando se trata de personas conocidas:

“Yo nombro a los que me nombran. Si no, no. Porque por algo no lo dijeron”.

De Miami a Las Vegas: el tarot cruzó las fronteras

El crecimiento de su actividad también lo llevó al exterior. Primero llegó a Miami, donde participó en programas televisivos como Mega TV y El Toro Loco, y posteriormente recibió nuevas invitaciones.

“Fui a un programa, después me llevaron a otro, y cuando terminé una entrevista el conductor me preguntó cuándo me iba. Le dije que el miércoles siguiente. Me invitó a su programa de almuerzos, que era parecido al de Mirtha Legrand. Tenían todo armado, pero él le dijo a la producción: ‘El lunes lo quiero a él acá’”.

Una de las experiencias más sorprendentes fue su trabajo en el hotel The Venetian, de Las Vegas, donde realizó lecturas de tarot durante cuatro días.

“Es una locura ese hotel. Tiene miles de habitaciones, restaurantes, negocios, un casino y hasta pasan góndolas por adentro, como si estuvieras en Venecia. En los pasillos hay gente haciendo magia, espectáculos, de todo. Y entre todas esas cosas yo hacía tarot”.

Para alguien que había comenzado vendiendo leña y carbón en Cañuelas, aquella experiencia representó mucho más que una oportunidad laboral.

“Yo miraba las peleas de boxeo y me imaginaba cómo sería Las Vegas. Soñaba con conocerla, pero nunca soñé que iba a estar ahí trabajando”.

También viajó a Madrid y amplió su público a través de las consultas por videollamada.

Hoy, según relata, recibe mensajes desde Perú, Colombia, México, Francia y otros países.

“Esta mañana hice un vivo en TikTok, en @vidente.lujan, y me consultaron de distintos lugares del mundo. La gente me escribe, me pasa sus datos y después hacemos las consultas por videollamada”.

La tecnología le permitió llevar su actividad más allá de las fronteras sin abandonar su lugar de residencia.

“Aprendí a escuchar, sin juzgar”

Más allá de la popularidad, Luján insiste en que su trabajo no se limita a interpretar cartas o responder preguntas sobre el futuro.

Para él, lo verdaderamente importante comienza cuando una persona encuentra un espacio para hablar de aquello que le preocupa.

Recuerda especialmente la visita de un hombre que llegó atravesando una situación personal difícil y le confesó que no creía en nada.

“Me dijo: ‘Yo no creo en nada, pero estoy tan mal que pensé: ¿qué puedo perder si lo voy a ver?’. Nos sentamos, charlamos, hicimos tarot. Cuando se estaba yendo se dio vuelta y me dijo: ‘¿Querés saber qué pienso de lo que vos hacés? ¿Te acordás con la cara que vine? Fijate con la cara que me voy’”.

Ese encuentro resume una filosofía que Luján asegura haber construido a partir de sus propias experiencias.

“Aprendí a escuchar, sin juzgar. Si vos tenés un problema, yo no miro si el problema es chico o grande. Para vos es un problema y lo vamos a tratar como tal. No importa para mí qué tamaño tiene, porque si yo no lo estoy teniendo, siempre va a ser chico”.

La enfermedad, las pérdidas y las dificultades económicas le dieron, según explica, una sensibilidad particular para comprender determinadas situaciones.

Aunque reconoce que existen dolores imposibles de dimensionar desde afuera, como el de una madre que pierde a un hijo.

“A veces me llama una mamá que perdió un hijo y yo no me puedo imaginar de dónde saca toda esa fortaleza. Hay cosas que son tremendas. No me puedo imaginar el dolor que deben atravesar”.

Vivencia Tarot: su historia llega al Teatro Regina el 15 de noviembre

Después de recorrer estudios de televisión y participar en distintos eventos, Luján decidió dar un nuevo paso: llevar su experiencia personal al teatro.

El próximo 15 de noviembre presentará Vivencia Tarot en el Teatro Regina, ubicado en Avenida Santa Fe 1235, Ciudad de Buenos Aires, con la participación especial de Matías Alé.

La propuesta nació a partir del interés de productores teatrales que observaron la repercusión de sus frases en las redes sociales.

“Un productor me escribió y me preguntó cómo me veía haciendo teatro. Yo no sabía ni quién era. Empezamos a hablar y me dijo que algún día iba a llenar el Movistar Arena. Después con él no hice nada, pero fue quien me incentivó y me puso en el radar del teatro”.

El espectáculo combina una narración autobiográfica con momentos de participación del público.

“En 26 minutos cuento mi historia, desde los 12 años hasta los 40, cuando decido vivir del tarot. Después empiezo a interactuar con la gente. Va a bajar Matías Alé del escenario, vamos a hacer participar al que quiera con el tarot y vamos a tener un ida y vuelta”.

A través de experiencias de consultas reales, cuyos protagonistas mantiene en reserva, aborda cuestiones vinculadas con las relaciones de pareja, las dudas de los jóvenes, el trabajo y los proyectos personales.

“Por ejemplo, un joven que no sabe qué estudiar, que no sabe qué hacer, o alguien que tiene un trabajo y reniega todos los días. O una pareja que todavía se quiere, pero se está desgastando y no sabe cómo reinventarse. Yo cuento casos que me tocaron vivir y cómo se resolvieron, porque cada uno deja una enseñanza”.

La idea, explica, es que cada historia aporte herramientas para la vida cotidiana.

“Quiero que la gente se lleve algo. Que no sea solamente venir a verme tirar las cartas. Que se lleve herramientas para aplicar en su casa, para mejorar una relación, para animarse a un proyecto o para resolver una situación”.

El público también podrá acceder mediante un código QR a un documento con dinámicas y sugerencias para trabajar posteriormente en su casa.

En su primera presentación en Villa Mercedes, San Luis, cuenta que terminó quedándose tres horas más conversando y realizando consultas a los asistentes.

Un libro sobre la fe y los rituales

La escritura también forma parte de su actividad. Durante la pandemia publicó Rituales, un libro que reúne 16 propuestas vinculadas con distintas situaciones de la vida cotidiana.

“Son 16 rituales que podés hacer en tu casa. Pero no se trata solamente de poner elementos y esperar que pase algo. Vos estás generando una propuesta de fe que empieza a cambiarte la perspectiva. Nada te va a funcionar si la fe no está en juego”.

El material incluye testimonios de personas que atribuyen experiencias significativas a la fe y a las prácticas que allí se describen.

Entre ellos, Luján relata el caso de una familia que atravesó un embarazo complicado y que interpretó una imagen de una ecografía como una señal espiritual. Se trata de una experiencia que él presenta desde su propia creencia y que incorporó al libro.

“Hay una historia muy fuerte de un bebé al que le habían diagnosticado un problema complicado. La familia pidió mucho y después los estudios salieron bien. En una de las ecografías ellos vieron la figura del santo al que le habían pedido. Todo eso está contado en el libro”.

Para Luján, la fe tiene un papel central en la manera en que las personas enfrentan sus problemas.

“La fe mueve montañas, no tengas ninguna duda. Eso te cambia la perspectiva”.

Según sus cifras, el libro superó los 10.000 ejemplares vendidos en Argentina y los 800 en España. Actualmente puede conseguirse a través de su página web y también en formato físico.

La otra pasión de Luján: la familia, la música y la gastronomía

Lejos de las cámaras y las redes sociales, Luján conserva una faceta profundamente familiar.

Junto a su esposa Gabriela y sus hijos desarrolló un salón de eventos en Cañuelas, un proyecto que nació de su pasión compartida por la cocina, la música y las reuniones entre amigos.

La construcción comenzó durante la pandemia, precisamente cuando el sector de los eventos atravesaba uno de sus momentos más difíciles.

“El día que empezaron a cavar los cimientos, en Crónica TV estaban mostrando a los dueños de salones que pedían ayuda porque se estaban fundiendo. Y ese día yo me ponía a construir uno. Una locura total”.

El espacio abrió sus puertas hacia diciembre de 2021 y fue pensado para cumpleaños, celebraciones familiares, encuentros y peñas.

Luján disfruta especialmente del papel de anfitrión.

“A mí me gusta mucho cocinar, cantar, recitar. Me gusta recibir a la gente. Soy muy minucioso, me gusta que todo esté prolijo. A veces mis hijos me dicen que afloje, porque me pongo a regalar vino, whisky, salames. Pero es que yo me siento anfitrión”.

También recuerda con humor los años en que vendía remeras durante el día en San Clemente del Tuyú y por las noches cantaba en un boliche.

Allí conoció a Gabriela, su actual esposa, con quien lleva más de tres décadas compartiendo la vida.

“Yo vendía remeras en la playa y a la noche cantaba en un boliche. Tenía cuatro o cinco canciones que cantaba siempre. Total, la gente se quedaba una semana y después se iba. Pero había unos pibes que trabajaban ahí y me decían: ‘Otra vez lo mismo’. Y bueno, con eso la remaba”.

La música y la poesía continúan presentes en sus proyectos. En Vivencia Tarot incluirá El desamor, un poema que escribió a partir de frases que le compartieron distintas personas sobre sus experiencias sentimentales.

“Una chica me dijo: ‘Me dijo que era diferente y lo fue, fue el peor de todos’. Otra me dijo: ‘Tengo miedo de volver a enamorarme’. Yo iba anotando esas frases y con todas ellas escribí El desamor”.

Una historia de reinvención

A lo largo de la entrevista, Luján vuelve una y otra vez sobre una idea: la importancia de animarse a comenzar, incluso cuando las circunstancias parecen adversas.

Lo dice alguien que atravesó una enfermedad grave, una adicción, pérdidas económicas y familiares, y que encontró en Cañuelas la posibilidad de construir una nueva identidad.

No presenta su vida como un recorrido perfecto ni pretende ocultar sus errores. Por el contrario, los considera parte fundamental de su aprendizaje.

“Siempre me tocaron cosas complicadas, pero nunca se me cruzó por la cabeza que no podía. Cuando me tocó transitar el cáncer, que no había esperanza de nada, yo siempre tiré para adelante. Siempre estuve seguro de que me iba a recuperar”.

Hoy, con una actividad que lo conecta con personas de distintos países y un nuevo desafío sobre los escenarios, asegura que conserva el mismo entusiasmo que cuando decidió apostar por el tarot.

Y deja una reflexión que parece resumir toda su historia:

“Cuando queremos avanzar en algo, no tiene que existir el pero ni la duda. Hacelo. Cuando vos ponés muchos peros termina siendo no, o termina siendo algo que no brilla. Analizate y vas a ver que todas las cosas que te fueron bien no les pusiste tantos peros”.

De aquel Gerardo que llegó a Cañuelas buscando una salida al hombre que hoy se presenta como Luján hay décadas de experiencias, decisiones y aprendizajes.

Quizás por eso, cuando habla de su pasado, no intenta borrarlo. Lo reconoce como el camino que lo llevó hasta aquí.

Porque, como él mismo lo define, hubo un Gerardo que atravesó las tormentas para que pudiera nacer Luján.