A 141 años de la llegada del primer tren, Cañuelas celebrará su historia ferroviaria con una muestra abierta a la comunidad.

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El próximo 18 de julio, el Ferroclub Cañuelas realizará una jornada especial para conmemorar el aniversario de la llegada del primer ferrocarril a la ciudad. Habrá exposición de piezas históricas, elementos restaurados y visitas al predio donde funciona el futuro museo ferroviario local.

La historia ferroviaria de Cañuelas volverá a cobrar vida el próximo sábado 18 de julio, cuando vecinos, aficionados y familias puedan participar de una jornada especial organizada por el Ferroclub Cañuelas para conmemorar el 141° aniversario de la llegada del primer tren a la ciudad.

La actividad se desarrollará entre las 11 y las 17 horas en el predio ubicado en la intersección de las calles Juárez y Alem, con entrada libre y gratuita. En caso de lluvia, la celebración será suspendida.

La fecha recuerda un hecho trascendental para el desarrollo de la localidad: el arribo del primer tren a Cañuelas, ocurrido el 16 de julio de 1885, cuando una formación proveniente de Barracas llegó impulsada por la histórica locomotora “La Primera Argentina”.

En diálogo con CañuelasYa, Marcelo Abella, integrante del Ferroclub Cañuelas y ferroviario de extensa trayectoria, adelantó que la jornada incluirá una importante exposición de objetos históricos vinculados al sistema ferroviario nacional.

“Estamos preparando una muestra con reliquias ferroviarias que fueron restauradas y recuperadas por la gente del club. Queremos compartir con la comunidad parte de ese patrimonio que logramos rescatar durante estos años”, explicó.

Entre los elementos que podrán apreciarse habrá faroles, señales ferroviarias, documentación histórica, aparatos de bloqueo, zorras de vía, un velocípedo ferroviario y diversos objetos utilizados durante décadas en la operación de los trenes.

Uno de los principales atractivos será la posibilidad de observar el avance de los trabajos de restauración de la antigua mesa giratoria, una estructura fundamental en la época de las locomotoras a vapor.

“También se podrá ver una vía antigua asentada sobre tortugones, que fueron los antecesores de los durmientes de madera. Son piezas que datan de alrededor de 1890”, detalló Abella.

Un museo construido a pulmón

La celebración también permitirá conocer el espacio que el Ferroclub recuperó en los últimos años para preservar la memoria ferroviaria local.

Según relató Abella, el galpón donde actualmente funciona la institución se encontraba abandonado y ocupado cuando comenzó el proyecto de recuperación.

“Encontramos este lugar en Juárez y Alem totalmente deteriorado. El predio fue recuperado, restaurado y acondicionado para resguardar todas las piezas que fuimos recuperando. Hoy incluso nos está quedando chico”, señaló.

El crecimiento de la colección impulsa ahora nuevos desafíos. Entre ellos, la creación de un anexo destinado a biblioteca y archivo documental.

“Tenemos una gran cantidad de revistas, libros y material histórico que merece ser conservado y puesto a disposición de quienes quieran investigar o conocer más sobre la historia ferroviaria”, agregó.

Una pasión que atraviesa generaciones

La historia personal de Marcelo Abella refleja, en buena medida, el vínculo que muchas familias mantienen con el ferrocarril.

Ingresó al sistema ferroviario en 1987, con apenas 18 años, como ayudante de conductor en los talleres de Remedios de Escalada. Tras más de tres décadas de servicio, se jubiló en 2023 como conductor de locomotoras diésel en la base Cañuelas.

Su relación con los trenes, sin embargo, comenzó mucho antes.

“Mi abuelo fue camarero en los coches restaurante del Ferrocarril Sud. Mi papá trabajó como conductor entre 1954 y 1987, y actualmente mi hijo también está estudiando la carrera de conducción. Son cuatro generaciones vinculadas al ferrocarril”, contó.

Aunque en su juventud soñaba con convertirse en piloto de avión, el destino terminó llevándolo por otro camino.

“Mi papá me anotó para ingresar al ferrocarril y ahí descubrí una pasión que no conocía. Me abrió un mundo completamente nuevo y con los años fui enamorándome cada vez más de esta actividad”, recordó.

El viaje que nunca olvidó

Entre las innumerables experiencias acumuladas durante más de tres décadas de trabajo, Abella conserva una anécdota que todavía recuerda con claridad.

Corría el año 1990 cuando, siendo aún ayudante de conductor, debió reemplazar a un compañero que salía de vacaciones en los servicios hacia Mar del Plata.

“Yo conocía hasta Glew. Más allá no tenía experiencia. Recuerdo perfectamente aquel primer viaje a Mar del Plata, de noche, en pleno invierno y con una niebla impresionante”, relató.

La formación avanzaba a 120 kilómetros por hora mientras la visibilidad era prácticamente nula.

“Siempre digo que no sé cómo aguanté el susto que tenía. El conductor conocía perfectamente el recorrido, pero yo era nuevo y sentía que no sabía dónde estábamos. Fue una experiencia que me quedó grabada para toda la vida”, recordó entre risas.

A 141 años de la llegada del primer tren, la actividad organizada por el Ferroclub busca precisamente eso: mantener viva una historia que marcó el crecimiento de Cañuelas y que aún hoy sigue siendo parte de la identidad de la ciudad.