Cañuelas tampoco pudo dormir.

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Desde los cuartos de final hay algo que cambió. Dormir dejó de ser una rutina. Uno se acuesta, cierra los ojos y el partido vuelve a empezar. Se despierta, camina hasta la cocina, mira el celular, repasa una jugada, vuelve a acostarse, reza, se ilusiona… y entiende que faltan cuatro días para la final. Cuatro días. Una eternidad.

Lo de anoche fue mucho más que una semifinal. Fue una prueba de carácter de una Selección que, cuando parecía recibir un golpe inesperado, respondió como responden los equipos destinados a hacer historia.

Una distracción terminó en el 0-1 de Inglaterra. Otra vez un detalle, otra vez una jugada aislada. Pero lejos de derrumbarse, Argentina hizo exactamente lo contrario: arrinconó al rival, lo borró de la cancha y protagonizó uno de los pasajes futbolísticos más impresionantes que se recuerden en un Mundial.

Los números hablan por sí solos. Durante los 37 minutos que transcurrieron entre el 0-1 y el 2-1, Argentina tuvo un 88% de posesión contra apenas un 12% de Inglaterra. Remató diez veces contra tres, dio 266 pases frente a solo 38 del conjunto inglés y generó 1,78 goles esperados, mientras que Inglaterra apenas llegó a 0,09. Una diferencia abrumadora. Una demostración de fútbol total.

Y en medio de semejante exhibición hubo una jugada que ya quedó grabada para siempre: Cristian «Cuti» Romero recibiendo la pelota dentro de su propia área, rodeado por dos ingleses, saliendo pie a pie con una tranquilidad que desafía toda lógica. Una acción imposible de explicar. Hay que verla una y otra vez para creerla. Ese momento resumió el espíritu de esta Selección: personalidad, confianza y una valentía que emociona.

Después llegaron los goles, los abrazos, los gritos que hicieron temblar cada rincón de Cañuelas y los bocinazos que se extendieron hasta altas horas. Nadie quería que terminara la noche. Nadie quería dejar de hablar del partido.

Hoy la ciudad tiene el mismo síntoma. En los comercios, en las oficinas, en las escuelas, en los grupos de WhatsApp y en cada charla aparece la misma pregunta: ¿cuánto falta para la final?

La respuesta desespera.

Faltan casi cuatro días.

Y ya no aguantamos más.

La ilusión de la cuarta estrella nos tiene a todos igual: con dos infartos, un ACV, un pico diabético… y el corazón latiendo al ritmo de esta Selección que nos volvió a enamorar.

Porque hay algo que ya nadie puede discutir.

Qué lindo es ser argentino.