El rock alternativo sub-20 toma los escenarios de Cañuelas.

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Con el impulso inicial de El Galpón de Aye y una definición de alto voltaje que desembarca en Juana de Arco, un reciente concurso de bandas juveniles reactiva la escena emergente local. El gran premio: horas de estudio profesional para consolidar el rugido de una nueva generación que pisa fuerte.

Por Martín Aleandro

El rock alternativo no ha muerto; mutó, se rejuveneció y encontró su propio refugio en el corazón de Cañuelas. La reciente convocatoria del festival de bandas dejó en claro que hay una efervescencia subterránea que pedía pista a gritos. Impulsado originalmente desde la gestión cultural de El Galpón de Aye, este certamen se transformó rápidamente en el epicentro de la expresión sub-20 de la región. Bandas con marcadas influencias del grunge, el indie ruidoso y el post-punk demostraron que los acordes crudos y las líricas viscerales siguen siendo el canal predilecto de los más jóvenes para interpelar su realidad, dotando a la escena local de una frescura identitaria que hacía tiempo no se sentía en el circuito.

La posta del circuito underground continúa ahora en Juana de Arco (ubicado en Alem y Mitre), el emblemático espacio que se convierte en la plataforma definitiva para visibilizar a los nuevos talentos. Nicolás, el dueño de Juana de Arco, sintetizó a la perfección la esencia y la logística de esta movida: «Se hizo un concurso de bandas, apuntada a los jóvenes menores de 20 años, impulsado por el Galpón de Ay, donde el primer y segundo puesto iban a tener una fecha en Juana de Arco y además ganar una grabación en un Estudio». El afiche oficial del anticipa una grilla demoledora con nombres como Fusilados, Wasos, Phantom, Nevermind y Basta Fuerte, prometiendo una velada de guitarras al frente a partir de las 21 horas con entrada libre y gratuita.

Más allá de la sana competencia, el verdadero triunfo de este concurso radica en el premio final: valiosas horas en un estudio de grabación profesional. Para proyectos musicales integrados por chicos que promedian los 17 o 19 años, el acceso a una producción de calidad suele ser el principal cuello de botella. Ofrecerles la posibilidad de plasmar su sonido con tecnología de punta no solo profesionaliza su propuesta, sino que además siembra las bases para los próximos discos fundamentales del rock alternativo bonaerense. Cañuelas ruge fuerte y el futuro de nuestra música está en las mejores manos: las de los pibes que todavía creen en el poder de un amplificador al taco.