El tango abraza la gloria de los ídolos populares
A través de «Messi, el último tango», la reconocida cantante cañuelense Fabiana Banegas rescata una obra compuesta por su padre en 1984 para Diego Maradona y la reinterpreta para homenajear a Lionel Messi. Entre la nostalgia, el recuerdo familiar y el valor de reconocer a nuestras figuras máximas mientras caminan entre nosotros, la artista repasa una historia de pasión, pérdidas y triunfos musicales.
Por Martín Aleandro
El tributo en vida posee un peso simbólico único: transforma la gratitud abstracta en un abraza tangible para quien ha sabido regalarle alegrías al pueblo. En la cultura argentina, donde la música popular y el fútbol entrelazan sus pasiones más profundas, dedicarle un tango a una figura de la talla de Lionel Messi trasciende el mero espectáculo para convertirse en un acto de justicia poética y legado generacional.
En esta entrevista exclusiva para Cañuelas Ya, la cantante Fabiana Banegas abre su corazón para repasar los orígenes de esta obra heredada de su padre, Carlos Banegas, la sacrificada travesía de una familia de artistas, los giros del destino con la industria de la música y el profundo significado de cantar las glorias de nuestros ídolos mientras aún podemos brindarles nuestro aplauso.
Entrevista a Fabiana Banegas
— Fabiana, la música popular siempre ha sido un vehículo para inmortalizar momentos y figuras. En este caso, «Messi, el último tango» nace de un gesto pionero de tu padre hacia 1984. ¿Cómo surge la historia de esta composición y qué representa homenajear a nuestros referentes en vida?
— Mi papá, Carlos, le escribió ese tango a Diego Maradona en 1984; fue uno de los primeros en dedicarle una canción a Diego. En aquel momento, convencido del valor de homenajear al ídolo en su pleno esplendor, llevó de puño y letra la partitura a la casa de Diego en Villa Devoto. Dejó la carta en la guardia de seguridad, pero como el ídolo en ese entonces ya estaba jugando en España, el escrito nunca llegó a sus manos. La intención de mi papá siempre fue reconocer las alegrías que esos gigantes nos daban en el momento, en vida, cuando el aplauso y el cariño se sienten de verdad.
— La trayectoria artística de la familia Banegas estuvo marcada por un talento prolífico, pero también por los avatares e injusticias de la industria musical de la época. ¿Qué recuerdos conservás de esa etapa de lucha y de las presentaciones de tu padre?
— Mi viejo tenía un don absoluto para escribir. De hecho, no solo le escribió a los ídolos del fútbol: tengo guardada una milonga en guaraní y composiciones dedicadas a nuestro hospital y a los bomberos. Tuvimos la fortuna de contar con el apoyo del guitarrista de Nelio Omar, José Rivera, con quien forjamos una gran amistad. Gracias a él pudimos estudiar en los estudios Parana y presentarnos mes a mes en el emblemático Café Tortoni. Pero no todo fue sencillo. Mi papá era un soñador, un bohemio. En una oportunidad, ilusionado con promesas de llevar su cassette a Colombia y a Francia —donde había nacido Carlitos Gardel—, terminó siendo víctima de una estafa donde perdió muchísima plata y hasta un colectivo de transporte familiar. Eran tiempos sin redes ni difusión masiva; nuestros logros salían en una notita del diario El Ciudadano, pero para nosotros era un orgullo inmenso.
— Con el paso de los años y el fallecimiento de tu padre, encaraste el desafío de rescatar la obra. ¿Cómo fue la travesía legal y musical para resguardar la autoría y reinterpretar el tango?
— Cuando mi papá falleció, la canción había quedado en el olvido para muchos, pero yo siempre mantuve vivo el deseo de registrarla. Hernán Orrego me asesoró en SADAIC cuando él se dedicaba a eso. Yo quería ir a hacer el trámite junto a mi viejo en vida, combinándolo con un paseo por el Museo de Carlos Gardel, ya que él era fanático, pero por cuestiones de salud nunca lo pudimos concretar. Tras su partida, hablé con mis hermanos y, debido a las complicaciones administrativas para registrar una obra de una persona fallecida, acordamos entre todos ponerla a mi nombre.
— La reestructuración del tema convierte aquel homenaje de 1984 a Maradona en un tributo a Lionel Messi. ¿Qué te motivó a actualizar la lírica para las nuevas generaciones?
— Quise dejar un registro palpable para la juventud. Nuestra generación tuvo la dicha de ver a Mario Alberto Kempes en el 78, a Diego Armando Maradona en el 86, y hoy tenemos el lujo de disfrutar al «Pibe de Oro», Lionel Messi. Grabar este tango para las nuevas generaciones es una forma de decirle a Lio «gracias» en el presente, mientras sigue haciendo historia. La estructura fundamental de la obra creada por mi padre se mantiene intacta; únicamente adapté el texto cambiando la figura de «Diego» por la de «Lio». La producción musical la encaramos junto al maestro Leo Mennitto en los estudios de Leandro Telechea, con quien grabé prácticamente todo mi repertorio.
— En el plano comunitario, intentaste también llevar este homenaje al ámbito educativo local. ¿Cómo fue esa experiencia?
— Durante el Mundial de Qatar, estando en la escuela donde trabajo, les propuse a los directivos y colegas desarrollar un proyecto institucional a partir de este tango. La idea era involucrar a los alumnos y al ensamble escolar para interpretarlo juntos, para que los chicos vivieran la experiencia de cantarle a un ídolo popular desde el aula. Lamentablemente en ese momento no le dieron el espacio ni el impulso que esperaba, pero la convicción de llevar este mensaje siguió intacta.
— La lírica de «Messi, el último tango» sintetiza la emoción popular de los domingos de fútbol. ¿Nos podrías compartir un fragmento de la estrofa que pronto estará sonando en todas las plataformas?
— Con mucho amor y orgullo por la memoria de mi viejo, la letra dice así:
“Hoy es día domingo, fiesta en el estadio,
palpitan los goles que el pibe va a hacer,
y aplauden al ídolo en cada jugada,
‘Leo’ la acaricia como a una mujer;
vamos Leo Messi, le grita la hinchada,
dejá que la toquen, la vas a gastar,
es el 10 del mundo, que la lleva atada,
es el pibe de oro, el que va a patear…”

