Hugo Varela: “hoy en día hay pocos humoristas que hagan algo propio y distinto”

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El humorista y cantautor visitara el cine teatro Cañuelas este viernes 31 con su unipersonal Sordos Ruidos.

El humorista y cantautor cordobés Hugo Varela, autor de conocidos temas como Corbata rojo punzó, presentará su unipersonal Sordos Ruidos en el Cine Teatro Cañuelas este viernes 31 a las 21, en el cual demostrará su habilidad para idear nuevos instrumentos a partir de elementos cotidianos, acompañado por su repertorio en el que no faltarán los clásicos, así como canciones nuevas. El carismático artista se reunió con CañuelasYa para conversar sobre su trayectoria, sus pasiones, la creatividad y lo absurdo del humor.

Por CAMI CORRALES

¿Cómo te definirías como artista?

Me gusta mucho esa palabra. La actitud artística esta en todos, aunque se dediquen a una sola cosa. Yo empecé con la música como guitarrista, y fabricaba títeres desde chico. También dibujaba, me gustaba mucho el arte, y estudie arquitectura hasta cuarto año más o menos. El humor apareció nítidamente en un momento, y la verdad es que hago todo eso: la música, el dibujo, el humor, todo.

¿Qué te llevó a armar tus propios instrumentos?

Desde chico- todo empezó cuando era chico, ¿no? (risas). Había ido a un circo, y apareció un payaso que tocaba con todos los instrumentos, lo que sería el famoso hombre orquesta, y a mí me dio vuelta la cabeza. Dije “¡quiero hacer esto!” (risas). Llegue a mi casa, agarre la guitarra, unas ollas, alambres…

¿A qué edad empezaste con la guitarra?

A los 5 más o menos, era muy chico. Mi viejo, sanjuanino, también tocaba la guitarra, y el cantaba temas que tenían que ver con lo cuyano. También tenía una cosa poética el: ¡me leía el Martín Fierro cuando era un chico! (risas). Eso me metió en el lenguaje del campo, el lenguaje folclórico.

Usas elementos poco convencionales para hacer instrumentos, ¿por qué?

Sí, es un tema central eso. Me gusta buscarle el lado excéntrico y absurdo, y me parece que el humor tiene mucho de eso, además de la creatividad.

Te gusta mucho el absurdo, ¿no?

Sí, y hay muy poco últimamente. Está desapareciendo de las películas, de las series, de la televisión… Pero bueno, a mí me gusta, y lo defiendo a muerte. Yendo al humor gauchesco, los dichos de campo son terriblemente absurdos, y la gente todavía se divierte con eso, es muy lindo.

¿Hay humoristas que te inspiren?

Los humoristas que respeto son los que hacen algo propio, aunque sea feo (risas). Yo vengo de otra época, y me gusta lo corporal: me fascinaban Buster Keaton y Charles Chaplin, eran lo máximo para mí. Después apareció Jerry Lewis y lo absurdo, así como los sublenguajes no convencionales, que me fascinan. Los imitadores no me cierran, por ejemplo, aunque hay tipos que son muy talentosos. La imitación y la creatividad están en veredas opuestas, ¿no? Creo que hoy en día hay pocos humoristas que hagan algo propio y distinto, pero cuando lo encuentro, me encanta.

Hace 40 años te dedicas a esto…

(interrumpe) Sí, nos pasamos un poquito. (risas)

¿Te parece que cambió tu forma de acercarte al público, desde que arrancaste hasta ahora?

Para mí el tema del público es fundamental, porque soy un artista que trata de hacer para alguien, es decir, el público, quién me tiene que entender. Antes hacía un lenguaje rarísimo, complicadísimo, pero ahora busco hacer las cosas locas, sí queres, pero en un lenguaje absolutamente entendible que lo puede comprender hasta un niño. Me interesa conectarme con el público, que se enganchen y participen: en el teatro en vivo salen cosas interesantes, terminas bailando a veces. Al principio siento que perdía 5 o 10 minutos porque hacia una introducción muy pensada y estudiada, pero después me di cuenta que tenía que hacer lo mismo que cuando uno se encuentra con alguien: lo primero es ofrecerse, saludarlo, que le respondan, y así se establece la comunicación directa.

¿La gente es más receptiva del humor en tiempos de crisis?

La revista Humor tenía un subtítulo que decía “la revista que anda bien cuando todo anda mal”. Claro, la gente que anda mal necesita animarse, cambiar el humor, necesita el descanso que le da el poder reírse- y en este momento estamos muy mal. Me acuerdo que en el 2001 salí de gira, era una época parecida a esta, y me fue muy bien. Salía del teatro en cada ciudad y la gente me abrazaba y me agradecía por hacerla reír, como si yo fuera el pastor Giménez. Intentaba explicarles que hacerlos reír es mi oficio, ¡es como si yo fuera un plomero que les había arreglado la canilla y que me quieran besar por eso! De todas formas, me interesa más dar vuelta la cosa y lograr que la gente participe, y que, al participar, ellos solos vayan modificando su estado de ánimo.